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domingo, 31 de agosto de 2014

El renacer del surrealismo arterioesclerótico



A Néstor Morosetti
Escritor y Esquizonauta
In Memoriam






Hubo un tiempo,

más allá de los siglos y de las eras

en que los monjes tibetanos dominaron el mundo.

  
 

Erase por esos días

que el gran Patoruzú

cabalgaba por estas pampas.

  
 

Nunca hubo alguien tan macho como él,

tan es así

que de su verga emanaban resplandores rojizos.

  
 

También estaban las meretrices bucólicas,

los saltimbanquis aputarrados

y los masturbadores de la poesía.

 
 

Esa fue una época de gran resplandor orgiástico,

tanto que ya no quedaba nadie con el orto sano,

(Salvando el caso del gran Patoruzú).

Los ríos de semen fertilizaban la tierra,

crecían del aire la marihuana y los pepinos gigantes.

 
 

Los masturbadores de la poesía

eran una gente un poco extravagante,

guiados por los resplandores  rojizos…

iban de pueblo en pueblo

predicando la poesía cual testigos de Jehovah,

pero más o menos al noveno

o a más tardar en el decimocuarto verso

eyaculaban, de un modo tan espectacular

que la gente moría ahogada en la leche de estos poetas.

 
 

Fue por aquellos días que yo morí.

(Tal vez ahogado en leche de poetas, no recuerdo bien).

Recuerdo que realizaron grandes funerales en mi honor.

(Después de todo Horacio Moschini no se muere todos los días).

  

Es desde aquel día, por aquellos remotos tiempos

que yo vivo muerto, y de vivir muerto

devine en poeta.

  

 

Bueno,

me falta relatar sobre las meretrices bucólicas
 
y los saltimbanquis aputarrados.

 

 

Pero eso será otro día.


Patoruzu
Patoruzú